MIS PERSONAJES: EL YAYO

Antes de empezar a escribir una novela, me gusta definir muy bien a cada uno de los personajes, al menos los más relevantes para la historia. Considero que la carcterización de estos es un punto clave que definirá el nivel final del libro. He leído libros que, solamente por la fuerza de sus caracteres, han merecido la pena.

Cuando creé el perfil del Yayo -personaje presente en las tres novelas de mi serie de intriga Ámbar, y el favorito de muchos de vosotros- tuve en cuenta muchos factores. Estos son algunos apuntes sobre el doctor Salas, el Yayo:

  • Tenía que irritar al resto de protagonistas pero caer en gracia al lector. Era importante caracterizarlo como un cascarrabias con gracia.
  • Conocido como el Yayo por Oli, el protagonista de la historia, el resto de personajes debían dirigirse a él como doctor Salas. No se revelaría su nombre de pila hasta el segundo volumen de la serie.
  • Describiría su pasado (como médico, padre y marido) mediante pequeñas pinceladas, y siempre desde el punto de vista de otros personajes. Él NUNCA debía llevar el peso de la trama.
  • Intentaría escapar de ciertos clichés: viejo borracho o abuelo perfecto. El doctor Salas tiene muchos defectos: es cruel, mentiroso, malhablado, ambicioso, inmaduro y rebelde. Todos esos defectos, sin embargo, debían verse empequeñecidos por el irracional amor que profesa a su nieto Oli.
  • Tenía que estar JUBILADO.
  • Debía inspirar el típico miedo de aquellos que no tienen nada que perder.
  • Tenía que tener un pasado traumático que explicara  el por qué de su comportamiento a lo largo de la trilogía.
  • Introduciría, a través de sus diálogos y comportamientos, homenajes a algunos de mis iconos favoritos del siglo XX.
  • Mi gran objetivo para este personaje: el Yayo inicial debía caer mal, y, paulatinamete, debía ir ganándose la simpatía y la pena del lector.
  • Su imagen contrastaría con su barriobajera forma de hablar: vestiría elegante y se cuidaría, acudiendo semanalmente al gimnasio. Sería un gran aficionado a la sauna.
  • No dudaría un instante en utilizar su poder y su condición de patriarca para ayudar a sus seres más amados, cayera quien cayera.
índice
En mi cabeza, el Yayo guarda cierto parecido con Robert de Niro

“Sabrá que hay mujeres que te inflaman el alma. Mujeres que aparecen en el momento preciso y hasta el alcohol de la colonia del cuello arde con tan solo estar cerca. Aquí donde me ve, yo mismo me hice pequeño en su día, porque ella era enorme, y cuando menos me lo esperaba, esa mujer se convirtió en mi mundo, ¡no sabía cómo vivir sin ella! Deseaba sentir ese fuego hasta la eternidad, porque nunca me había sentido tan vivo. Y porque sarna con gusto no pica, dicen. Ella fue el dardo que se dirige al centro de la diana, la bola con el número premiado, el gol en el último segundo de partido. La vuelta a la triste realidad. […] Mi exmujer: Violeta. Si las personas fueran agua, yo sería barro, y ella, un tsunami.”

Extracto del Yayo, en El Aleteo de la Mariposa

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